Opinión Docentes
A mis estudiantes
Pandillas... incómoda realidad

A ustedes más que todo va dirigido este artículo, porque quiero probar otra manera de enviar ese mensaje que todos los días doy en mi labor docente. Por ello no puedo dejar pasar una oportunidad más para dejarles en su corazón mi sentir de formador y de orientador.

Mis estudiantes, solo ustedes, tienen en sus manos el futuro y destino de su vida; si se les da la oportunidad de elegir, por favor piensen bien qué es lo que desean ser en un futuro, desde hoy piensen en que el mañana tiene que ser mejor que el día de hoy, corrigiendo los tropiezos y sin sabores que el destino nos presentó. Ponte una meta más que la que cumpliste hoy y verás que toda tu vida se va enlazando como una cadena que cada vez que se le coloca un eslabón se va formando con una belleza inigualable siendo admirada y alabada por todo el mundo.

Tendrás felicidad y si llegaras a conocer la tristeza sabrás como salir de ella y si no eres capaz, solo acudirás a personas que te quieren y te estiman porque en ellos has encontrado amistad, personas que solo desean que salgas adelante, que son sinceros contigo así como tú lo has sido con ellos. Personas que esperan verlos formados en el camino de la vida, partícipe de una sociedad, admirado y siendo ejemplo de superación y tesón y yo como docente agradeciéndole a Dios por ver todo mi esfuerzo hecho realidad; el de brindarles estos consejos, no para que queden en sus mentes, sino en su corazón.

Recuerden que más que su profesor, somos sus guías y amigos.

 

 

Gueomar Edith Aragón López

Padres de familia, miembros de la comunidad y profesores, en ocasiones nos preguntamos:
_ ¿Qué es lo que hace tan atractiva la pandilla a sus integrantes?
¿Será el sentido de pertenencia que brinda un grupo estructurado con los aportes e ideas de todos?, en el cual las jerarquías y el respeto se ganan y no son concedidos por nadie.

¿Será que en la pandilla sus miembros encuentran satisfacción a sus necesidades sociales y afectivas, que precariamente hallan en sus hogares, generalmente disfuncionales?

Otro atractivo que brinda la pandilla es la protección por parte del grupo a cada uno de sus integrantes, ante las arremetidas de posibles contrincantes o enemigos, lo que les compromete y hace dependientes.

Los pandilleros van creando toda una simbología en su argot, forma de saludar, de vestirse, de actuar, y en manifestaciones corporales tales como tatuajes, pearcing, corte de pelo y hasta la manera de caminar, que les da identidad, les hace únicos, les cohesiona como grupo indisoluble, difícil de abandonar y les crea un muro que los separa del resto de la comunidad.

El pandillero habla con más confianza con sus “vales”, que con sus propios padres o maestros y les permiten conocer de primera mano sus cuitas, frustraciones, temores, debilidades y también fortalezas, de las cuales hacen gala sin aprensión ninguna ante sus pares (parceros).

Este nicho atractivo que ofrece la pandilla a los muchachos, hace que en muchos casos prefieran reemplazar sus, menguados hogares por ella, porque llena sus expectativas como no lo están haciendo aquellos.

 

La pandilla y los psicotrópicos.

Es VOX PÓPULI que al interior de las pandillas, uno de los lazos de unión se encuentra en el consumo de psicotrópicos, que además de proporcionar un escape efímero a una realidad cotidiana frustrante, cicatera y
lastimosa, da motivos a todos sus componentes para fusionarse alrededor del mantenimiento del secreto de una actividad ilegal que es necesario conservar para garantizar la existencia del grupo. El problema con las drogas, más que su uso, son sus consecuencias y la adición y dependencia que causan, lo que puede inducir a sus usuarios a cometer pequeños hurtos al principio y luego, con el tiempo, llevarlos al crimen en grande. Es este tópico el que se conforma en el verdadero problema en estos grupos urbanos.

Nos preguntamos entonces: ¿Qué hacer en estos casos? ¿Será posible contrarrestar la formación de pandillas?

Falsa ilusión; y más aún en las circunstancias actuales. Nuestra realidad social colombiana es un caldo de cultivo apropiado para su conformación. De manera que es arriesgado y con pocas probabilidades de éxito pretender interferir eficazmente estos grupos.

De manera que: ¿Qué podemos hacer para no quedarnos cruzados de brazos ante este fenómeno?

Un paso estratégico a dar, podría ser formar nuestras propias pandillas.

Sí… así como suena. Pero eso si: grupos con objetivos específicos, dirigidos a unos fines edificantes, en los cuales los jóvenes lleven a cabo una serie de actividades que les contribuyan a desarrollar proyectos de vida constructivos, en valores y sanas costumbres. Grupos juveniles que desarrollen tareas sociales motivadoras, que den como producto consecuencias positivas en su entorno.

En fin, pandillas con efectos contrarios en sus integrantes y en el medio a los que se han tratado en este ensayo.

No podemos olvidar lo sucedido en Centroamérica con las Maras-salvatrucha. Tenemos que hacer algo y pronto

Lic. Guillermo Botero
Docente Sede Buenos Aires