Año 5
Edición Nº 4
Magangué - Bolívar - Noviembre de 2012
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Una experiencia significativa

Lic. Rosario Meza Benítez

Hoy cuando he enfrentado un nuevo reto en mi carrera docente, este reto me ha llevado a interrogarme sobre ¿cuál realmente es la misión que Dios me ha encomendado?

¿A quién debo educar? Independientemente el nivel o etapa donde desempeñe mi tarea es la misma, Educar. Educar es formar, es enseñar, es dirigir, es ayudar al desarrollo de las facultades y potencialidades del ser humano, es perfeccionar los sentidos, educar es amar. Ahora bien ¿Por qué no educar a los niños?

Vienen entonces a mi mente los recuerdos de mis primeros años de experiencia, mis primeras prácticas docentes, realmente fue con niños y qué bien me fue, empecé a enamórame más de mi profesión, empecé a amarla cada día mas, y fueron ellos, esos pequeñuelos quienes dieron sentido a mi vida, de esa base empecé a escalar hasta llegar a enseñar a personas en todas las etapas de su vida hasta la adultez como algunos que he encontrado en la universidad.

Que gratificante experiencia, no es necesario saber muchos contenidos, lo que se hace necesario es la pedagogía, las estrategias a las que se recurran para poner en marcha todo aquello que se haya planeado, que se haya preparado para ellos, es saber ganarles el corazón y la mente para que entonces hagan uso de su voluntad y así puedan lograr aquello que se ha propuesto cada educador con su grupo de estudiantes.

Naturalmente, el ámbito educativo exige la relación, la tarea conjunta y el trabajo en equipo, me resultaría imposible no recordar aquí a todos aquellos con quien he compartido y trabajado mis años de docencia, donde cada uno ha tenido un papel propio en mi trayectoria profesional y hoy a mis compañeros de la sede del Barrio Sur quienes me recibieron con mucha receptividad y con quienes también he compartido preocupaciones, intereses y dificultades y me han hecho sentir como miembro de la comunidad comunalista, me han enseñado a conocerla a través del trabajo cotidiano, llevando así un granito de arena más a mi rica experiencia docente, les expreso mi sentido de gratitud y de igual manera a todos aquellos que han confiado de una u de otra manera en mis capacidades.

Para finalizar, deseo expresar que educar a los niños es contar con un corazón sencillo, sin rencores, es darle significado a la experiencia es ver cada día una sonrisa, un abrazo, un beso, un te quiero sin dificultad porque ellos sin darnos cuenta van ocupando un puestecito en el corazón de quien los guía, como dice un dicho: “a veces los árboles no nos dejan ver el bosque”, ese bosque de riqueza que poseen, esas potencialidades, esos saberes innatos y todo el amor que guardan en sus corazones. ¡Qué hermosos son los niños!

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